Era la cabeza de una extensa tierra que englobaba las localidades de Sartajada, Almendral de la Cañada, Buenaventura, Sotillo de las Palomas, Párraces y La Calera. Incluyendo además el Señorío de Cardiel y San Román de los Montes. Ampliando posteriormente su extensión con Villatoro e importantes propiedades en Segovia y Madrid, para extender sus dominios con el correr de los tiempos al Villar de Cañas, Montalvo… en la provincia de Cuenca una vez fue elevado al rango de marquesado por Felipe IV hacia 1642.
Fue en sus inicios lugar de acantonamiento de tropas y centro administrativo durante la dominación islámica. De hecho, uno de sus tres vocablos, mor, proviene del árabe al muruy, que significa los prados.
Los restos en excelente estado de conservación del palacio señorial son el resultado de una metamorfosis entre el primitivo albacar musulmán y la posterior fortaleza cristiana.
Todo ello ha propiciado la relación con importantes personajes históricos; desde Viriato que utilizó estos pagos para hostigar a los romanos en la línea del Tajo, pasando por los hijos de la Casa de Blasco Ximeno, sobresaliendo el célebre Nalvillos, que protagonizó importantes hechos de armas en esta etapa de la Reconquista, sobresaliendo en una de las primeras tomas de la conquista de Cuenca. Siguiendo con D. Diego Dávila que llegó a ser Virrey de Chile, y que, pese a su corta existencia, tomó medidas que fueron de gran importancia para el posterior desarrollo de este país.
Sin olvidar al Padre Juan de Mariana, que durante su estancia en el Piélago escribió importantes teorías que sirvieron de inspiración a los movimientos revolucionarios de finales del siglo XVIII y todo el XIX, contribuyendo a asentar los pilares democráticos por los que se rige hoy día buena parte del mundo occidental.
Para terminar con D. Enrique Dávila, artífice de la construcción de la Iglesia de Santa María de la Nava, auténtica joya arquitectónica del siglo XVI. No en vano, está considerada uno de los edificios religiosos más señoriales de la provincia de Toledo.
Ubicada en la Plaza Mayor y cercana a los restos del Palacio Señorial antes citados, forma un conjunto de gran interés. Complementado con monumentales fuentes pilones, puerta de la Mora, Cueva Bodega medieval… así como multitud de detalles en fachadas y calles, y en sus alrededores, con todo tipo construcciones y apriscos para las antiguas tareas agrícolas y del ganado, dispersas por un variado paisaje de pinos y rebollos en la Sierra del Piélago, para continuar con un extenso y tupido encinar, y una extensa “raña”, en donde la jara, la retama y el tomillo se unen creando belleza.
Esta diversidad ha creado una forma de sentir y pensar que se pone de manifiesto en ancestrales tradiciones, destacando “Las Trenzas “del domingo de Resurrección, de la que ya hay testimonios escritos en la primera mitad del siglo XVI, teniendo su origen también en estas mismas fechas los tradicionales encierros que se celebran los días 8 y 9 de septiembre.
Reseñar la tradicional Cabalgata de Reyes, una de las más antiguas de la provincia, que lleva más de 60 años celebrándose.
De más reciente creación es su Belén Viviente, que, a pesar de ello, se ha convertido en un referente nacional, así como la Semana Cultural a mediados de agosto.
Costumbres estas, no exentas de misterio y leyenda, como la de la “Colorá” o la de Aixa Galiana, y costumbres que también han influido en su Gastronomía, constituyendo esta una mezcla de influencias abulenses y manchegas, destacando por encima de todo las carnes asadas.
Subrayar la particular manera de cocinar las migas y la sopa castellana, así como el gazpacho de trilla, que además posee una subvariedad llamada “rin-ran”.
Para acabara con los postres, resaltando las natillas y arroz con leche caseros, las puches y toda una variedad de rosquillas, rosas fritas y los frisuelos o roeles, en donde la forma de cocinarlo está al libre albedrio de cada cual.